“Me siento con la responsabilidad de comenzar este articulo aclarando que está escrito por una psicóloga, que además ha vivido la experiencia de perder a un ser amado muy cercano, y que en base a esto puedo hablarles desde la teoría psicológica, las vivencias con mis pacientes y mi experiencia personal” aclara Dra. Belkis E. Carrillo M. Psicóloga con formación en Terapia Cognitivo Conductual.

Perder a alguien que amamos cuando es la muerte quien no las quita, cuando no hay vuelta atrás ni segundas oportunidades, es para los que lo hemos vivido. El dolor mas grande, mas constante, mas presente, más aterrador, mas debilitante y sobre todo el más difícil de controlar y muchísimo menos “eliminar”.

Como psicólogo afirma la Dra. B. Carrillo que este impacto generara en nuestras vidas  un duelo que durara aproximadamente de 1 a 2 años dependiendo de lo estrecha de tu relación con la persona que se ha ido (debo aclararles que a la mayoría de mis pacientes no les  gustan las palabras fallecidos, muertos, el día que murió, etc.; según ellos  porque esas palabras los  llevan a hacerse más conscientes de esa realidad, que la mayoría de las veces no quieren ver).

En esos 1 o 2 años  vivirás varias etapas llamadas negación, ira, tristeza y aceptación para luego volver a tu NORMALIDAD. “Desde mi punto de vista, todo esto cambia cuando era el AMOR lo que te unía a esa persona, cuando no era la conveniencia, el dinero, la necesidad, el empleo, la costumbre”. Cuando el compartir con esa persona era un placer y no una obligación, aprender a vivir sin ellos se convierte en una tarea titánica y lamento decirles desde mi experiencia como psicólogo y como ser humano, que no hay fórmula, no hay tiempos, no hay etapas, me atrevería a decir incluso, que en este tema cada uno de nosotros crea sin darse cuenta su propia teoría de cómo se vive con un duelo doloroso y profundo.

Los momentos buenos de nuestra vida siempre tienen un espacio de tristeza y sombras por que quisiéramos tenerlos allí, cada vez que preparas esa comida que le gustaba y te sientas a la mesa, ya no sabe igual porque ahora tiene un sabor AGRIDULCE,  de pronto nuestro cuerpo desarrolla un nuevo sistema de alarma, cuyo sonido de aviso es una sensación difícil de describir pero altamente desagradable, cuando llegan los domingos, las navidades, los cumpleaños, día de la madre o del padre, aniversarios, graduaciones, la alarma se dispara y sientes ese hueco en el estomago, ese que caracteriza al miedo, ese que te dice que “otra vez” vas a estar sin él/ella en ese día tan importante, ese que anticipa que esto que sientes no se ha “CURADO DEL TODO” que aun no has vuelto a la “NORMALIDAD”.

¿Qué podemos hacer con todo esto? ¿Qué método puedes usar para volver a la NORMALIDAD, tras este choque múltiple y de frente donde quedaron  en pedazos todos los esquemas de que el mundo era un lugar seguro? ¿Cómo te ayuda un psicólogo que no sabe lo que sientes?

Son muchas preguntas para las que quizás no tengamos todas las respuestas, lo que sí es cierto para mi es que este “nuevo yo” que eres hoy, ese al que le falta ese pedacito de felicidad, no “DEBERIA” absolutamente nada, no debería dejar de llorar, no debería salir a distraerse, no debería salir con amigos a bailar, no debería volver al trabajo, no debería, no debería, no debería… ¡NO! Esos deberían son de otras personas, son creencias de otros, que de seguro te aman y quieren ayudarte, pero que tienen sus propias teorías acerca del dolor.

Tus “deberías” empezaras a crearlos tu, y esto es lo que hago con mis pacientes, acompañarlos mientras se desprenden de los deberías de otros y empiezan a confiar en los suyos, mientras aprenden que no hay bueno ni malo sino adecuado, que para vivir con ese huequito vacio deben quererse mucho y respetarse, que pueden  llorar mares y a los 5 min secarse las lagrimas y seguir viviendo.

Una de las cosas en las que más enfoco mi terapia es en que mis pacientes no persigan insaciablemente a la bendita NORMALIDAD, porque esa normalidad era de tu antiguo yo y ahora tú eres otro.

Para mi  esta es una fórmula que funciona, con la que he ayudado a muchos de mis pacientes, y a mi misma, mostrarles  que este camino es mas de aprender a vivir un día a la vez, respetando sus necesidades y sus deberías y no persiguiendo el capítulo final de su novela en el que  se levantan una mañana  y son FELICES para siempre por siempre cada minuto de todos los días que le quedan de vida, como si pudiesen borrarse los recuerdos con tipex.

Podemos ser felices, claro que si… siempre y cuando sepas que es la FELICIDAD para ti, entendiendo que este concepto puede no parecerse al de los que te rodean y que solo a tu ritmo vas a alcanzar la tranquilidad que necesitas para funcionar en este agitado mundo de hoy.

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